Y otra vez pasar por la estación de trenes,
Donde cada baldosa tiene escondido un recuerdo de esos que
escuecen,
Andarlas despacio para saborearlos, verlos, escucharlos,
olfatearlos, casi tocarlos.
Quiero decir: casi tocarte.
Las ruedas de la maleta giran y mueren.
Muero con ellas si siento los nervios de verte, sin verte.
“No dejes que te lleven” que “dejarse llevar suena demasiado
bien”
Hago oídos sordos . Camino otro poco y llego al tren de los
descarrilados.
Me siento, miro y remiro el billete.
Me quedan tres cigarros,
Sigo sin ser consciente de que en el destino no aparece
escrito:
17:20- Madrid- Destino mis miedos y tus dedos.
Ayer se me cayeron las tuercas ,
Se rompió la cuerda que me ataba a ti,
Nunca había pasado y ya no recordaba mi cuello sin ser preso
Me entristece ver que hasta las tuercas caducan
Cuando lo que nosotras queríamos era el beso perfecto
El que no terminara en un “que te jodan” ni en un “que me
jodan”
Que jodan al resto , que no entienden de esto .
Nos queremos sin remedio y si el remedio es la resignada
abstinencia
prefiero la enfermedad de no olvidarte en los bares ni en
las piernas ajenas.
Prefiero seguir soñando con tus mareas.
Hasta que me ahoguen…
Nuestra historia: Estaciones y tuercas.
