Amémonos
rotundamente sin nada más en la mente que no terminar (jamás) de conocerte.
Frente a
frente, que me claves los dientes y tu veneno de serpiente me estremezca al
dente.
Tu perdiste las tuercas que se te cayeron de los pendientes.
Y hoy, un
domingo de lluvia, resaca y pastillas esfervescentes me recuerdan, sonrientes,
una noche diferente.
