Se despertó de un sobresalto, sólo dentro de su pecho.
Tenía los párpados pegados a causa del último sorbo de sueño
amargo, cuando por fin se decidió a abrir los ojos vio que todo seguía negro, todo se veía borroso porque las lágrimas se
habían solapado a sus córneas hasta crear otra capa, más cristalina, igual de
pura… Pero hecha de dolor.
Soñó con su voz meciéndose en sus mejillas, la voz que tanto
extrañaba.
Soñó que la abrazaba por la espalda, que bebían cerveza y se
reían de la vida y de sus guarradas.
Soñó que se le salía el pecho del corazón.
Soñó que no estaba soñando.
Despertó y todo lo que pudo articular fue un gran grito que
aún retumba por las paredes de su habitación.

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